Muchos lleváis varios meses contemplando con asombro y sorpresa la esperpéntica evolución de la surrealista decoración de la rotonda del hospital de Parla, en la entrada de ParlaSur y ya comentábais con indignación e incredulidad cómo era posible semejante barbaridad. Algunas personas incluso hablaban de la posibilidad de que se tratara de una broma de cámara oculta.
Efectivamente lleváis muchos meses viendo como los operarios parece que jugaban al Lego construyendo el pozo y el puentecito que se caía una y otra vez porque se han destinado durante meses recursos, medios y personal pagado por todos los parleños.................para esto. Es tal la chapuza que, con un par de semanas de existencia, al pozito recién inaugurado ya le faltan unas cuantas piedras. Quizás la “banda del pulpo” y todo su séquito de bienpagaos socialistas va a montar allí su portal de Belén viviente en esta Navidad.
Pero por fin tenemos el resultado, a la altura de lo esperado y no decepciona en absoluto porque se trata de otra de las disparatadas chapuzas con el sello “Made in Parla”, siempre garantía de ruina, cutrez y despilfarro. Que la atrasada, arruinada y empobrecida Parla, capital del paro, de los desahucios, del ladrillazo y territorio okupa, sea un asentamiento de ladrillos más cercano al subdesarrollo que a cualquier lugar “normal” no es casual.
Hasta la estatua de la Pantoja en su pueblo se considera arte de vanguardia comparada con esta cutrez. Nada nuevo por el guetto parleño.
La Fundación para el Progreso de Madrid, una asociación progresista de carácter cívico, ha hecho pública la Guía de Horrores Urbanos 2010, un tradicional decálogo de periodicidad anual donde se resumen las diez actuaciones más aberrantes y deplorables realizadas a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid durante el presente año.
Y en esta edición de la Guía de Horrores Urbanos 2010 uno de los galardonados es ............ PARLA.
Efectivamente, por méritos propios, al margen de otras carencias y conceptos urbanísticamente desfasados de los que hace gala este fallido desarrollo urbanístico, las descomunales chapuzas perpetradas en el barrio dormitorio de Parla-Este en lo referente a las “zonas verdes”(que de verde tienen el color del plástico) superan negativamente todo lo visto hasta la fecha.
Justo y merecido galardón para Parla porque no existe parangón en los desastres y despropósitos cometidos en los ajardinamientos y zonas verdes del barrio de Parla-Este. Una aberración medioambiental en grado superlativo.
Tal y como se cita literalmente en las conclusiones de los técnicos que han visitado y evaluado el barrio de Parla-Este, se trata de un verdadero atentado ecológico en toda regla, fundamentado en la ceguera, desconocimiento, desprecio medioambiental, prepotencia, incompetencia, despotismo e intereses particulares de los que han hecho gala todos los responsables en semejante engendro de fallido y desolado barrio.
Se han hecho de rogar pero al fin ya los tenemos en las calles del barrio de Parla-Este tras encontrarse por centenares en el resto de calles de Parla. Allí donde debería haber árboles, simplemente nos encontramos losas.
Adefesios y parches a los que ya estamos acostumbrados en Parla. Efectivamente, son los “alcorques enlosados”, esa gran aportación parleña al mundo del surrealismo y los horrores urbanísticos.
Es el equivalente viario a la lapidación de la naturaleza a cargo de esos talibanes arrasadores del medio ambiente, que en el colmo de los despropósitos ponen de este modo la guinda a los jardines de plástico y cemento, las palmeras tropicales y las florecillas de quita y pon (por el gasto disparatado en miles y miles de flores a reponer constantemente).
Es la antítesis de la eficiencia, el ahorro, el paisajismo y la vegetación bioclimática, palabras alóctonas en un lugar tan peculiar como Parla.
Otro episodio revelador de que lo de la crisis mundial es pecata minuta con lo que tenemos en las calles de Parla. Estremecedora la caterva municipal de incompetentes e incapaces responsables del medioambiente parleño que parasitan con nuestros impuestos.
El enorme desarrollo urbanístico de Parla-Este, al margen de su diseño ya rancio y caduco según los conceptos del urbanismo contemporáneo, ha estado condenado desde su nacimiento a ser una especie de desfasada ciudad dormitorio, fácilmente perceptible a simple vista por parámetros tan fundamentales como: los flujos de salida y entrada de coches -siempre intensísimos a primeras y últimas horas del día-, la inexistencia de empleos ni empresas en la zona, sin accesos directos de entrada y salida a las autovías, escasísima presencia de gente en las calles, falta de establecimientos comerciales de calidad y un precario transporte público que se limita a un tranvía urbano y a un autobús que cada media hora une Madrid con Parla. A esta manifiesta realidad en el funcionamiento de un ámbito urbano plagado de carencias, sin duda han contribuido la falta de infraestructuras y servicios de todo tipo que lastran de manera especial la dinámica cotidiana de esta parte del mundo. No podía ser de otro modo tratándose de un municipio con un estigma tan peyorativo y ganado a pulso por méritos propios como es el caso de Parla.
Uno de los más evidentes signos de abandono del barrio de Parla-Este era, hasta la infamia medioambiental perpetrada ahora, la ausencia de vegetación en gran parte de las zonas verdes destinadas a ajardinamientos. Un hecho de por sí remarcable porque en cualquier desarrollo urbanístico, la vegetación de las zonas comunes se va plantando paulatinamente según se van encontrando disponibles los márgenes de las vías de comunicación y los espacios comunes, o al concluir la construcción de cada edificio o grupo de ellos, sector, manzana, etc. con lo cual a los pocos años ya existe una cobertura vegetal consistente y enraizada.
Nada de eso sucedió en Parla-Este. Tan sólo hace casi dos años, se habían plantado los primeros árboles de porte notable en algunos alcorques de ciertas zonas del barrio y, a fecha de hoy, aproximadamente la mitad de esos árboles ya han muerto. El resto de las futuras zonas verdes permanecía como un erial donde los perros abonaban el terreno a sus anchas.
Pero es que en consonancia con esta desidia y abandono de las zonas verdes, en el resto de las calles, parques y plazas de Parla la situación es incluso mucho peor y pruebas no faltan en casi cualquier rincón del municipio: desde centenares de olivos muertos por abandono, alcorques vacíos desde hace décadas, árboles secos que permanecen en el mismo sitio sin reponer desde hace muchos años, adoquines verdes tapando parterres, adoquinado de alcorques, árboles que jamás se podan, inmensas praderas de césped, gigantesco gasto humano y económico en florecillas que apenas duran una semana, etc.
Desde hace ya muchos años ha evolucionado el concepto de zonas verdes en ámbitos urbanos hacia diseños de parques y jardines con especies xerófilas, autóctonas y arbustivas que aportan frondosidad, consistencia y diversidad botánica en vez de las pobres, delicadas y carísimas praderas de césped y árboles exóticos. Así que lo más previsible, fácil y barato era que en esas presuntas y futuras zonas verdes de Parla-Este fueran plantados árboles y vegetación arbustiva adaptada a las características geográficas del entorno, con un reducido mantenimiento tanto en el consumo de agua como en mano de obra y resistentes al incivismo ciudadano.
Cuando se colocaron los carteles de la empresa constructora alusivos al comienzo de la primera fase de las obras de ajardinamiento de Parla-Este, con un astronómico presupuesto de 2.621.379 euros para esa primera fase, la primera impresión fue de satisfacción generalizada tras todos estos años de desolación medioambiental en el barrio.
Craso error tratándose del Ayuntamiento de Parla, un verdadero Atila medioambiental, con unos antecedentes para echarse a temblar y salir corriendo a tenor de la aberrante política medioambiental municipal y el calamitoso y degradado estado de prácticamente todas las zonas verdes del municipio.
Cuando al comienzo de estas obras empezaron a surgir las primeras voces de alarma y sorpresa era difícil creer en semejante barbaridad. Todos los grandes parterres de las avenidas estaban siendo enterrados en toneladas de cemento, que posteriormente sería forrado de césped artificial, dejando dos ridículos agujeros en cada parterre para plantar algún que otro árbol. El Ayuntamiento de Parla entiende que ajardinar significa sepultar bajo toneladas de cemento todo vestigio de naturaleza.
Y así poco a poco se fueron cementando la totalidad de las posibles zonas verdes de las calles de Parla-Este. Tras este colosal despilfarro económico y aberrante atentado medioambiental, el escenario resultante es apocalíptico, las calles transmiten una desazón y penuria extremas, efecto que se potenciará cuando la ridiculez del césped artifical y las palmeras conformen el paisaje vegetal de Parla-Este.
Consultado al Colegio de Arquitectos de Madrid, no existe constancia anterior de ninguna barbarie similar. Al igual que buscando referencias y documentación en otros anuarios de arquitectura y urbanismo, tampoco se había ejecutado hasta la fecha en ninguna parte semejante aberración paisajística y medioambiental.
Esta vez el Ayuntamiento de Parla se ha superado a sí mismo. A nadie en el planeta se le había ocurrido semejante esperpento y bochornoso concepto de lo que se entiende por una zona verde. Décadas de desastres urbanísticos en Parla quedan empequeñecidos ante este nuevo hito del horror urbanístico.
Y pensar que en el siglo VI antes de Cristo se construyeron los jardines colgantes de Babilonia, que hace seiscientos años los árabes realizaron los magníficos jardines de la Alhambra y el Generalife, y que los grandiosos jardines de Versalles datan de 1670.
A prehistóricos niveles ha retrocedido la humanidad con esos primates obtusos que tenemos por dirigentes municipales y que llevan décadas entre todos llevando al abismo a Parla y creando problemas nuevos donde no los había antes.