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sábado, 10 de diciembre de 2011

PARLA, 35 AÑOS DE CIUDAD DORMITORIO Y UN FUTURO INCIERTO









En un artículo periodístico del año 1977 titulado, "Nadie quiere vivir en las ciudades dormitorio" se reflejaba toda la problemática existente en las ciudades del áerea metropolitana de Madrid, por la ausencia de dotaciones, infraestructuras, empresas, comercios, industrias, etc. mencionando que "las personas que hace años se fueron tan contentas a las ciudades dormitorio ya están cansadas y se han convencido que ese sistema de vida no es el apropiado, pues lo que en principio iba a ser un hogar, se convierte en un mero refugio nocturno". 








Nos suena a muchos parleños como si la escucháramos ahora mismo, ¿verdad?. Treinta y cinco años después esa frase en Parla está en plena vigencia porque Parla, con la ausencia casi total de un dinámico tejido empresarial, comercial y productivo, al contrario de lo que ocurre en todos los municipios limítrofes similares en tamaño y población, Parla es la última ciudad dormitorio como tal en la que aún perduran muchas de esas carencias y deficiencias estructurales e infraestructurales, ya endémicas. 








A modo ilustrativo citaré el precio medio, ordenados de mayor a menor, de una vivienda de 75 metros cuadrados en distintos municipios del área metropolitana de Madrid en 1977.





  •   Alcobendas        1.350.000 pesetas

  •   Leganés            1.200.000 pesetas

  •   Arganda del Rey   888.000 pesetas 

  •   Fuenlabrada        800.000 pesetas

  •   Parla                  624.000 pesetas








Treinta y cinco años no son nada, en Parla aún perduran graves carencias estructurales inaceptables en una ciudad de este tamaño y ciudadanos encadenados a sus vehículos y a largos y forzosos desplazamientos fuera de la ciudad para casi cualquier actividad en sus vidas cotidianas.








El clamor de creciente malestar se lo he escuchado a algunas personas, cada vez más con el ruinoso rumbo que están tomando todos los acontecimientos en Parla, pero quien de buena mano me la ha confirmado y a quien se la tomo prestada es un amigo de una empresa inmobiliaria, testigo directo del hundimiento del sector inmobiliario parleño y todo lo que ello conlleva. Que la vivienda sea barata, accesible y despojada de toxicidad especulativa, es lo deseable para toda la sociedad, pero en la actualidad la explosión de la burbuja inmobiliaria poco tiene que ver con esos ideales de equilibrio y desarrollo, sino que  es el reflejo de un colapso y de una cuesta abajo de proporciones siderales. 





Del tapayogurismo en el que ya ha entrado una importante parte de los activos inmobiliarios de Parla hablaré otro día.








De hecho, el drama de del barrio de Parla-Este, y a menor escala en otros desarrollos urbanísticos del municipio, es que constituye una ciudad dormitorio dentro de otra ciudad dormitorio. Preocupante el hecho de que cada vez haya más y más pisos usados en venta en el aún reciente desarrollo de Parla-Este. Esta creciente tendencia podría ser sólo un indicador más, pero bajo él subyacen numerosas connotaciones sociales, económicas. Algo muy preocupante está pasando y el resto son milongas.


martes, 6 de mayo de 2008

PARLA, LA ÚLTIMA CIUDAD DORMITORIO




A principios de los años setenta, se consideraba ciudad dormitorio todo municipio cuya población estaba compuesta, básicamente, por gente que pasaba el día fuera del mismo trabajando en la cercana gran capital madrileña. Ejemplos de este fenómeno demográfico eran Alcorcón, Getafe, San Sebastián de los Reyes, Coslada, etc. En ningún caso se consideraban ciudades dormitorio aquellas que estuvieran a más de treinta kilómetros de Madrid. Sin embargo hoy este concepto ha quedado obsoleto, pues es habitual que los trabajadores acudan a sus trabajos en Madrid capital desde lugares tan distantes como Segovia, Ciudad Real, Ávila, etc.



La corrupción y la desmesura inmobiliaria ha acabado provocando una bochornosa situación: la mayoría de los madrileños emplean en el transporte más de dos horas diarias entre la ida y la vuelta. Si una persona trabaja unos 230 días al año, esto supone que se pierden en los trayectos unas 500 horas anuales por persona: el equivalente a tres semanas.





Con el transcurso de los años y el gran desarrollo experimentado por la economía española en las dos últimas décadas, las primeras ciudades dormitorio del área metropolitana madrileña fueron transformándose en núcleos policéntricos que no sólo servían de “almacén” de trabajadores sino que estaban sufriendo una metamorfosis estructural con la implantación de empresas, zonas industriales, enormes áreas comerciales, carreteras, redes de transporte, equipamientos sociales, culturales, etc, con lo que ya no sólo seguían siendo zonas residenciales sino que constituyen desde hace ya bastante tiempo zonas de recepción de personas, bienes y servicios procedentes de otros municipios.



Sirva como ejemplo que muchos parleños se ven obligados a desplazarse a otros municipios para la adquisición de bienes y servicios ante la escasa oferta comercial y empresarial de la que adolece Parla. Y lo peor, cada día los parleños deben desplazarse a otros municipios por motivos laborales con las conocidas dificultades sufridas cada día bien por los que se deciden por el coche o por quienes padecen el sufrimiento, pérdida de tiempo, apreturas y sudores del transporte público.





Actualmente, a fecha de 2008, Parla vuelve a tener el deshonroso honor de ser el municipio del área metropolitana de Madrid con menor actividad económica y en ese sentido casi nada ha cambiado en los últimos años. Municipios con mucha menos población como Collado Villaba, San Fernando de Henares, Pinto, Valdemoro, Arganda del Rey, Rivas-Vaciamadrid, etc, es decir, todos, gozan de un mayor dinamismo y desarrollo económico que una vez más dejan a Parla en el último lugar, los últimos en casi todo.





Es de suponer que el proyectado parque empresarial PAU 5 venga a paliar mínimamente este desequilibrio económico y también en cierta medida la carencia de empleo en Parla y a vertebrar la estructura económica del municipio en beneficio de sus propios residentes y del entorno circundante. Pero para ello es fundamental una mejora sustancial, que hoy por hoy no existe en el municipio, en la red de comunicaciones, pues aunque la población crece desmesuradamente y se acentúa por desgracia el carácter de ciudad-dormitorio, las infraestructuras de transporte, a excepción de la implantación del tranvía, siguen siendo prácticamente las mismas que hace quince años.





En definitiva, que las distintas Administraciones empezando por el Ayuntamiento piensen en mejorar la calidad de vida de los residentes y no sólo en la esquizofrenia constructora-recalificadora, tal y como está previsto en el PGOU de Parla, colmatar y construir hasta el último centímetro del término municipal, todo ello adornado camufladamente con zonas verdes, equipamientos y demás falacias que sirven como tapadera para continuar con la fiebre corrupto-constructora y la “marbellización”, en el sentido más negativo y especulador del término, que sufre Parla, la última exponente de las caducas y humanamente áridas ciudades dormitorio.