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lunes, 16 de abril de 2012

El escándalo de los bonsáis millonarios de Parla










El Ayuntamiento de Parla, dirigido por el socialista José María Fraile, paga más de
60.000 euros por la conservación de 30 árboles en miniatura. La
interventora municipal señaló el museo del jardín botánico como un
derroche del PSOE.








Hace dos
semanas, la presentación del particular «plan de ajuste» aprobado por el
pleno del Ayuntamiento de Parla sacó a la luz uno más de los
despilfarros cometidos por el alcalde José María Fraile, y su ancesor,
el líder del Partido Socialista de Madrid (PSM), Tomás Gómez. 





Parla, que actualmente acumula una deuda de 275 millones de euros,
aprobó durante los años de bonanza algunos caprichos que ahora corren el
riesgo de desaparecer. A saber: construyeron una playa artificial de
3.000 metros cuadrados que se rellena con agua salada y que cuenta con
un paseo de fina arena de 800 metros; plantaron palmeras egipcias y
césped inglés para cubrir rotondas y medianas con unos gastos de
conservación desorbitados y, entre otras cosas, abrieron un jardín
botánico y su propio Museo del bonsái con cargo a las arcas municipales.







 


Playa y palmeras egipcias

 





Parla –que ha emprendido un plan financiero a ni más ni menos que veinte
años para intentar dejar a cero sus números rojos– dedica una partida
anual de 70.000 euros para el mantenimiento de un jardin de árboles en
miniatura que se ubica dentro del jardín botánico del municipio. La
cifra de gastos de éste último «antojo», equivalente a la mitad de la
pella que dejó el líder del PSM en el pago del combustible y calefacción
de los colegios de Parla
, ha llamado la atención hasta de la
interventora del Ayuntamiento que no dudó en citar el escándalo del
museo durante la elaboración del plan de ajuste a diez años que le
solicitó el pleno parleño





El documento, que finalmente fue desestimado
por los socialistas   –con el apoyo de los ediles de Izquierda Unida–,
sugiere en su apartado de gastos «la supresión de contratos cuyo coste
no esté financiado con subvenciones y que no constituyan un servicio
esencial para la comunidad». Como ejemplo en el informe habla del
«mantenimiento del museo del bonsái, lo que supondrá –asegura– el cierre
del mismo».


El Museo del Bonsái de Parla, gestionado por el Club de Amigos del
Bonsái de la localidad con cargo al presupuesto municipal, abrió sus
puertas en 2006, durante el último mandato de Tomás Gómez como alcalde.
El 9 de junio de 2006, según ha podido comprobar LA RAZÓN en las actas
de las reuniones del Ejecutivo municipal, la Junta de Gobierno de Parla
aprobó por unanimidad adjudicar mediante concurso «el suministro y
equipación del Museo del Bonsái del Jardín Botánico a la empresa Arceval
Jardinería S. L., por un importe de 349.932,52  euros, IVA incluido».
La nueva zona verde de la localidad tiene una extensión 7.755 metros
cuadrados de extensión de los que el museo –ubicado en su zona central y
que dispone de programación propia– ocupa algo más de 410.





 


Una partida oculta

 





Cuatro meses después, el 21 de octubre de 2006, el Ayuntamiento
publicaba una resolución en el BOE por la que se adjudicaba el contrado
de servicios de conservación y mantenimiento del Museo del Bonsái y el
jardín botánico por un importe de 79.980,84 euros. El año pasado, la
cifra destinada para cuidar la treintena de ejemplares tanto autóctonos
como de origen chino y japonés (algunos de ellos fueron una donación del
ex presidente del Gobierno Felipe González) se redujo, adjudicándose su
conservación en concurso público por 59.040 euros, más IVA, a la
sociedad Aema Hispánica S. L. Sin embargo, quizá para que la partida
pasara más inadvertida, en el presupuesto de 2010 los gastos del museo
de bonsáis se incluyeron en la partida de mantenimiento de zonas verdes

(de algo más de 3 millones de euros).




En total, desde su apertura hace más de años, el Ayuntamiento ha
invertido más de 500.000 euros para tener abierta a los vecinos de la
localidad este singular parque. Ahora, en lugar de seguir el consejo de
la interventora, el Consistorio de Fraile ha preferido aprobar un plan
de ahorro en el que, entre otras cuestiones, pretende ahorrar un 20 por
ciento en la partida de gastos por reprografía o material de oficina.



 


Aislamiento térmico y área de talleres

 





Sala de exposiciones de 410 metros cuadrados divididas en dos zonas;
sala de invernaderos aislada térmicamente para albergar los ejemplares
más sensibles; zona de talleres para realizar cursos sobre
conservación... Al museo del bonsái, con sólo 30 ejemplares, no le falta
detalle y cuenta con ejemplares de la colección del ex
presidente,Felipe González. Gestionado por el Club de Amigos del Bonsái
de Parla, el mes pasado celebró un certamen nacional de poda que ganó el
equipo local.




 


CINCO AÑOS DE CAPRICHOS



 


CON LA FIRMA DE TOMÁS GÓMEZ en 2006 la Junta de Gobierno de Parla aprobó
la creación de un jardín botánico en la localidad de 115.000
habitantes. 
349.932 euros para mobiliario gastó el Consistorio  en el equipamiento
para albergar el museo del bonsái de la localidad en el corazón del
jardín.






domingo, 1 de mayo de 2011

La interventora de Parla sonroja al alcalde por el sobrecoste de una obra










Se llama María del Prado de la Asunción Camacho. Es la viceinterventora
del Ayuntamiento de Parla y la única responsable en la materia que se
atrevió a denunciar el sobrecoste de una obra
que se adjudicó cuando
Tomás Gómez todavía era alcalde del municipio. Se trataba de la
urbanización de unos terrenos en el PAU 5 de la localidad, que se
concedieron a una constructora por 14 millones de euros. El empresario
sorprendió a todos al reclamar otros 12 millones cuando las trabajos ya
estaban terminados. La interventora se opuso y emitió un informe en el
que aludía a la ilegalidad de la medida
. Nadie le hizo caso. El actual
alcalde, José María Fraile, miró hacia otro lado y aprobó el
encarecimiento pese a conocer la situación
.





La
interventora municipal advirtió al regidor socialista que el incremento
que iba a aprobar era de un 53% cuando la ley sólo permite hasta un 20%
siempre que esté debidamente justificado por causas inesperadas, para
evitar «graves perjuicios al interés público». Además, insistió en que
«las obras habían sido ejecutadas con carácter previo a la fiscalización
y aprobación del gasto».








Todo
comenzó en noviembre de 2006, justo dos años antes de que renunciara a
la alcaldía de Parla, cuando Tomás Gómez adjudicó las obras del PAU-5 a
la constructora Corsán-Corviam por 14 millones de euros, un valor muy
inferior a los 24 millones presupuestados para la obra en los pliegos
del concurso. El Consistorio decidió adjudicar el proyecto por esa
cantidad a sabiendas de que, posteriormente, podría tener un elevado
sobrecoste.








Las
obras comenzaron en diciembre de 2006, aunque el proyecto no se aprobó
definitivamente hasta marzo de 2008. Cuando el Ayuntamiento dio el visto
bueno ya habían pasado 15 meses del inicio de los trabajos y estos
estaban a punto de concluir.






«Imposible de predecir»






Pero
lo peor para las ya maltrechas arcas municipales de Parla comenzó al
mes siguiente —abril de 2008—, cuando la constructora exigió al
Consistorio el pago de otros 7,5 millones de euros más, según justifica
Corsán, por «la necesidad de introducir algunas modificaciones
imposibles de predecir» en 2006, fecha en la que se redactó el proyecto
bajo la dirección del propio ayuntamiento.








Según
la constructora, las numerosas «deficiencias del proyecto original»
obligaron a modificar todas las redes de saneamiento y suministro. Así,
por ejemplo, Corsán tuvo que redefinir las aguas pluviales y fecales por
el cambio de rasante de la red viaria, lo que incrementó el precio
inicial en otros 2,3 millones, casi lo mismo que costó modificar el
abastecimiento de agua.








El
coste de vigilancia privada y el cambio de acceso viarios, por la
ampliación de la carretera de Toledo, aumentaron todavía más el coste en
otro millón de euros. En resumen, cuando Tomás Gómez abandonó la
alcaldía de Parla para liderar el PSM a finales de 2008, la obra se
había encarecido hasta los 21,5 millones.








Su
relevo, el actual alcalde José María Fraile, estaba al corriente de
este asunto ya que era el concejal de Urbanismo y Hacienda en el momento
de su aprobación. A pesar de todo, aumentó todavía más el precio final
de la obra hasta los 26 millones de euros, 12 más del importe en el que
se adjudicaron. 





Y lo hace en diciembre de 2009, cuando él mismo firma un
acuerdo con la empresa por el que se compromete a pagar no sólo los 7,5
millones de más por las «deficiencias del proyecto original», sino
otros 2,6 por una supuesta revisión de precios que no estaba prevista
cuando se adjudicó el concurso y otros 1,7 por la liquidación final para
cubrir los imprevistos en el transcurso de las obras.








Fraile
se comprometió en nombre del Ayuntamiento de Parla a pagar ese
incremento de 12 millones de euros sin que lo aprobara el pleno
municipal, como exige la ley, y mucho antes incluso de que su propio
Gobierno local aprobara esa modificación, lo que no se produjo hasta
siete meses después, en julio de 2010, durante una Junta de Gobierno a
la que curiosamente no asistió el propio alcalde.








Todas
estas aprobaciones se realizaron a pesar de que en ambos casos la
interventora municipal (ex concejal del PSOE de Pinto) advirtió de que
esa modificación del proyecto suponía incrementar el precio de la
adjudicación en más de un 53%, cuando la ley sólo permite hasta un 20% y
siempre que esté debidamente justificado por causas inesperadas.






Antes de su aprobación






La
interventora también denuncia que esas obras se han realizado antes de
que se aprobaran los cambios y antes de que el ayuntamiento confirmara
que tenía dinero suficiente para pagarlas, por lo que advierte de que
«no se ha seguido el procedimiento establecido para la ejecución de un
gasto que requiere de fiscalización previa».








También
recuerda que los 7,5 millones por supuestas «modificaciones imposibles
de predecir» según la constructora y el ayuntamiento, tendrían que haber
sido aprobados por el pleno municipal, en el que sí está representada
la oposición, cosa que tampoco hizo el PSOE de Parla, a pesar de que el
actual alcalde se comprometió por escrito con la empresa a hacerlo antes
de un mes.








Sobre
la revisión de precios por 2,6 millones de euros que la constructora
solicita que se incluya en el nuevo proyecto, la interventora también
recuerda que el pliego de condiciones por el cual Tomás Gómez adjudicó
este concurso no preveía dicha revisión de precios. Pese a todas estas
advertencias, la Junta de Gobierno aprobó por unanimidad el
encarecimiento de las obras... Eso sí, con la ausencia de su alcalde,
José María Fraile.






lunes, 20 de diciembre de 2010

¿EL AGUA UN BIEN PRECIADO?. EN PARLA NO


















Una
vecina parleña me envía estas fotos poniendo en evidencia que durante
varios días ha estado esta fuente del parque de la calle Felipe II
manando miles y miles de litros de agua sin que ningún responsable
acudiera a repararla. La policía únicamente delimitó el área inundable
con una cinta pero así ha seguido derrochando agua.




Despilfarro ruin y miserable de un bien tan preciado como el agua. Despilfarro económico que pagamos todos los parleños.




Debe
ser que en varios días no se pudo localizar a nadie que cortase el agua
de esta avería. Las clásicas inoperancia e ineficacia más absolutas de las que hace gala el Ayuntamiento.

viernes, 20 de agosto de 2010

FIESTAS DE PARLA: EL GRAN DESPILFARRO










La llegada del mes de septiembre significa para muchos el final del periodo veraniego y la vuelta a la rutina escolar, laboral y, en definitiva, existencial. Indudablemente los veranos actuales nada tienen que ver con los de hace veinte o treinta años, cuando las ciudades madrileñas se quedaban totalmente vacías de coches y de gente y todas las familias pasaban el largo y cálido verano, principalmente, en los pueblos de origen de sus ancestros. 





En la actualidad, como tantos otros hábitos de vida, eso ha cambiado casi por completo, tanto por los destinos vacacionales tan diversos como por el tiempo fraccionado en una semana, fines de semana o cortos periodos de días. Por ello, ahora lo de “veranear en el pueblo” es algo propio de la serie televisiva “Cuéntame”, un recuerdo de los que vivimos muchos “veranos azules” al tiempo que las costas españolas se iban degradando brutalmente a golpe de asfalto, ladrillo y blanqueamientos de dinero. 





Tras esta nostálgica introducción, retomo las alusiones al mes de septiembre, que en las ciudades madrileñas tiene connotaciones de prolongación vacacional con motivos de la celebración de las respectivas fiestas patronales de cada municipio. En el fondo ese periodo festivo sirve para vivir realmente el verano en la propia ciudad. 






En nuestro caso, se acercan un año más las fiestas de Parla. Prácticamente todos los Ayuntamientos de todos los colores y tendencias políticas han reducido drásticamente la partida destinada a las fiestas patronales, básicamente en lo relativo a conciertos musicales y festejos taurinos. Ayuntamientos mucho más solventes y prósperos que el de Parla, tanto grandes ciudades como pequeños y medianos municipios, han recortado drásticamente sus presupuestos para las fiestas de este año, en el caso de los conciertos musicales, reduciendo al mínimo el número de famosos grupos y cantantes contratados y dando paso a grupos más noveles, no tan conocidos popularmente e infinitamente más económicos de contratar. Una manifiesta austeridad en todos los municipios acorde con los tiempos que corren. 





Pero como narraba la introducción de los cómics de Astérix: ¿en todos?. ¡¡¡No!!! ¡Existe uno llamado Parla donde, un año más, el despilfarro a manos llenas vuelve a caracterizar las fiestas patronales!. 





Pues efectivamente una vez más Parla vuelve a dar la nota, negativa como casi siempre, y el Ayuntamiento tira la casa por la ventana en la contratación de artistas musicales de elevadísimo caché y los primeras espadas taurinos de más renombre. Seremos los más pobres, con menor renta per cápita y con más parados de toda la Comunidad de Madrid, pero hay que ser espléndidos para que Bustamante, Melendi, Lolita, los intermediarios y compañía se llenen los bolsillos con el dinero de los parleños. Eso sí, al año que viene otro subidón del IBI y nuestro Ayuntamiento nos trae a Alejandro Sanz y Julio Iglesias para que disfruten “gratis” todos los parleños.







Claro que está muy bien poder asistir gratis a los conciertos de relevantes estrellas nacionales de la canción. No es cuestión de gustos, aunque a Parla vinieran Pink Floyd, U2 o Bruce Springsteen y la entrada fuera gratis, me parecería una aberración, porque la presunta gratuidad final para el espectador no es tal y camufla un despilfarro tremendo y descerebrado en algo de lo más banal y ocioso como es un concierto musical.

En muchos municipios desde siempre se ha optado por poner un precio barato, diez o quince euros a las entradas de los conciertos musicales de las fiestas, lo cual es más lógico y sensato porque está al alcance de cualquier bolsillo y no erosiona las arcas públicas. 






Alguno dirá que a él no le gusta leer y sin embargo tiene que pagar proporcionalmente los gastos originados por las dos bibliotecas de Parla. O que nunca ha llamado a los bomberos de Parla y también tiene que pagarlos. O que nunca va a los parques y tiene que pagar a los jardineros. Y así con otras muchas cuestiones relativas a la vida de una ciudad. Vamos a ver, para los cortos de mente y analfabetos funcionales, son cuestiones que no tienen nada que ver y teniendo en cuenta las carencias tan enormes que tenemos en Parla, resulta bochornoso y sonrojante comprobar que en una semana de fiestas se ha gastado una exagerada cantidad de dinero que daría mucho de sí si fuera invertido en los distintos servicios públicos, reducir la morosidad municipal de los impagos a empresas, arreglar calles, polideportivos, mejorar la seguridad, y mil y una cuestiones más de las necesidades diarias del municipio. 





Con el asunto de los conciertos y las corridas taurinas como telón de fondo, se pone también de relieve que el programa de las fiestas de Parla, al igual que todos los años, es rancio, escaso, raquítico, pobre, insípido. Se limita a los costosísimos conciertos, un par de procesiones, encierros, corridas y cuatro cosas más. 





No todo se basa en no mover un dedo ni esforzarse en organizar unas fiestas de verdad y contratar a cuatro cantantes famosos a golpe de talonario.
Hay que apostar por un modelo de fiestas más participativas, originales y creativas. Más actividades deportivas como carreras de bicicleta de montaña, de atletismo, maratón de fútbol sala, concursos de fotografía y pintura rápida, actividades vecinales, concursos gastronómicos a nivel popular, potenciar las fiestas a nivel de los barrios, implicar a los niños y jóvenes en actividades lúdicas, etc. Y muchas más posibilidades innovadoras y dinamizadoras que exigen dedicación y entrega para que las fiestas resulten más abiertas, participativas y baratas. 





Pero en Parla muchas de las asociaciones de esa difusa maraña de organizaciones satélite del Ayuntamiento sólo existen a la hora de poner el cazo para coger el dinero público y a cambio ser dóciles, fieles y serviles con quien les subvenciona. Ejemplo de ello es que en las pasadas Fiestas del Agua celebradas en junio, se organizaron unas comidas populares en algunos barrios pero no a cargo de los vecinos ni de las asociaciones, sino de empresas de hostelería contratadas por el Ayuntamiento. Sí, la paella estaba muy buena, pero mejor si se implican los vecinos y las asociaciones y no una empresa privada pagada con la chequera municipal. 





No es ético ni moral continuar con esta dinámica derrochadora que caracteriza año tras año a las fiestas de Parla. Más coherencia, sentido común y sensatez.